Abramos una puerta a la luz de lo descocido...

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Porque morir siendo diferente , es vivir siendo libre.

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martes, 25 de mayo de 2010

No compares, construye.

El verdadero valor

“Lo relevante es que el valor por la vida se mantiene intacto”.

Existen documentos e historias que nos permiten ver coincidencias y diferencias entre una cosa u otra, en este caso no hablaremos de un objeto, hablaremos sobre estilos de vida, sobre experiencias y convicciones. En esta ocasión existen dos personajes, Mauricio de 19 años de edad, un primerizo e inexperto que quiere seguir viviendo a su manera aun después de pasar la línea de los treinta, y esta Humberto un cuarenton que lleva toda una vida acumulando experiencias y guardándolas en los cajones de su memoria. Ambos tienen a simple vista una cosa que los une, un disenso que pueda que no sea notorio entre multitudes pero afecta a la minoría adecuada.

Capitulo 1: El comienzo del fín.

Mientras Humberto pide un par de cervezas en BBC (Bogotá Beer Company) y atiende con mucha paciencia, deja escapar de su boca historias que esta vez son más intimas, tal vez por ser el tercer encuentro para hablar acerca de su forma de vivir. “Recuerdo que por halla en el 94 yo iba en un bus para la 1° de mayo con 13, eran como las 7 de la noche, iba cansado y con un radio que no era muy caro, pero era ¡mi radio!, el caso fue que estaba re concentrado mirando por la ventana un trancón que lo único que permitía era dormir un rato, cuando se subieron cuatro negros, bueno no negros que uno diga ¡uy que negros!, eran como de un tono oscuro, con una pinta que por encima dejaba ver lo que iba a pasar en los siguientes minutos. Dos de ellos tenían cuchillos y los otros dos tenían revolver, en ese momento intente quitarme los audífonos pero… ¡paila! Uno de ellos me vio y se me tiro encima para quitarme el radiesito Aiwa de pilas AAA que siempre había sintonizado La Vallenata.”

Capitulo 2: La similitud.

Mientras a Humberto lo estaban robando a Mauricio no le corría por la cabeza como seria su vida dieciséis años después. Son las seis de la mañana, doña Yolanda se levanta y entra al cuarto de Mauricio para recordarle que tiene clase y no debe salir tarde para la universidad, se levanta saboreando el sueño que aun tiene en la memoria, prende su equipo de sonido, sintoniza a Juan Gossain y toma un desayuno de granola y jugo de naranja, es vegan y por lo tanto no toma leche ni come huevos. Organiza su cama y se organiza el mismo para llegar a la universidad con buen tiempo. Estudia artes plásticas en la ASAB y toca jazz en sus ratos libres en un bar de la calle 45, le encanta explorar campos artísticos y desea vivir algún día en la candelaria. En su casa, su padre lo respalda y su mama lo acepta, su hermana menor lo admira y su hermano lo acompaña. “Yo no protesto, ni me voy a echar piedra, por el contrario me choca la gente que hace eso, yo solo me expreso como me parece, si veo una pared y me gusta pienso en que un stencil bien elaborado llamará la atención de alguien y le sembrará la duda que en algún momento a mi me surgió al plasmar ese mensaje, si voy a una marcha me da igual si va un punko o si va un personaje corriente al fin y al cabo vamos por una misma motivación, no me gusta casar peleas y me encanta respetar la vida de los demás como respeto la mía.”

Capitulo 3: Atando cabos.

“la verdad perder el radio no me molesto, estaba resignado desde que se saltaron la registradora, lo que me molesto fue el haber visto como una viejita lloraba mientras uno de los hijueputas le pegaba con la cacha del cuchillo mientras otro le arranca los aretes y la bisutería que le colgaba en el cuello, eso fue lo que de verdad me hizo sentir desprecio por esos tipos. Cuando se bajaron pensé en salir detrás de ellos, ¡tenía toda la intención y las ganas de quebrarlos! Pero luego recordé la actitud de uno de ellos, que con el cuchillo se acercaba a las personas y los asustaba como si los fuera a chuzar, además tenía una sonrisa en la cara, como si fuera muy cómica la vuelta, me quede meditando y me dije a mí mismo “si me bajo hare lo mismo que ellos, le daré valor a la vida de una persona por lo que lleva en la cartera o lo que tiene en el bolsillo y estaría dejando de valorar la mía también, porque me hubiera metido en que mierdero por haberla cagado en ese entonces. Desde ese entonces aprendí a pensar antes de reaccionar y ver qué es tan valioso como para jugarse una aventura con la vida, aunque la verdad no he encontrado motivos para hacerlo.”

Capitulo 4: El verdadero valor.

“Yo no espero encontrar en la gente aprobación o gusto por mi forma de ser, de hecho yo soy así porque así me criaron, mis papas son Hare Krishna y nos enseñaron a mis hermanos y a mí a ser descomplicados con el mundo y desentendidos con él, yo he tenido demasiados encuentros en donde he recurrido a la violencia, y he caído en cuenta que muchos de esos sucesos a pesar de que me dieron carácter en su momento, se pudieron haber solucionado de otra manera, no digo que hay que ser un idiota y dejar que todos pasen por encima de uno, mi persona y mi integridad son mi prioridad y ya, pero si se debe tratar de ser lo más calmado y tranquilo para no molestar a nadie y evitar que a uno lo molesten, y si lo hacen pues…¡muy triste!, ya eso es asunto del que se amargue con mi existencia. “
Es obvio que la diferencia de edades puede mostrar un sinfín de cosas que no comparten los personajes, pero lo relevante es que el valor por la vida se mantiene intacto aun después de ser visto de diferentes maneras y conceptualizado de muchas otras. Es un buen punto de referencia para pensar que a pesar de ser diferentes de apariencia y pensamiento todos somos seres humanos con el mismo valor, un valor incalculable.

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