Querer decirle todos los días mil cosas, abrazarle con ternura, consentirle despacio y besarla como si fuera la última vez, es lo que me encantaría hacer a diario. Brindarle con el paso de los días la felicidad que tanto he querido que tenga aunque me toque ver como la disfruta desde el otro lado de la calle. Ser su impulso y su apoyo en los días en los que la suerte le da la espalda. Ser lo que extraña en los momentos que no estoy a su lado.
Quisiera ser eso y mucho mas, moriría por darle el mundo y aun así estaría insatisfecho por haberle dado tan poco a quien lo merece todo en el concepto de este idiota enamorado. No le juraría felicidad eterna ni le haría promesas que no puedo cumplir…pero le aseguraría que cada aliento de mi ser seria para verla sonreír como me tenia acostumbrado.
Pero cada día se le nota más gris, como si no fuese esa misma persona, como si en las fotos no hubiese cambiado solo su apariencia, sino también su esencia. Ya no me mira con esos ojos llenos de brillo, ni sonríe con la misma facilidad, no me habla con su voz caprichosa y lo que es peor, me ve solo como a un recuerdo.
Que no daría este estúpido ser para verla ser ella, para poder amarla como es ella, para poder tenerla a ella. Pero por mas huevon que sea se da cuenta que aun dándole todo ella seguirá mirándolo como un pasado que sigue siendo una constante en su presente. Y ese es el único motivo con el cual trata de convencerse a sí mismo de que ella aun lo quiere, pensar que después de tanto tiempo aun existe algo que todas las circunstancias no les han quitado…la confianza abismal que manejan entre ambos.
Y confía en que no muy tarde ella se percate de todo lo que cabe en el silencio de este impaciente pretendiente, que solo busca devolverle la sonrisa que un inmerecido se llevo.

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