Existió en un tiempo, un pequeño que nació en una humilde morada, decían que su casa era pequeña, con algunos daños pero de excelente condición. Dicen que este hombrecito no se dejaba ver muy a menudo, se escondía de la gente y no dejaba que lo conocieran por completo. Nuestro amigo tenía un padrastro que con actitud recia e imponente limitaba su aparición en público, y cuando lo permitía el hacia antesala y cortinilla para nublar la imagen poco acostumbrada de dicho pequeño. Su padrastro era una constante en su pueblo, era conocido por su presencia continua en cada una de las actividades públicas y por ser siempre el, quien prevalecía ante todos, nunca nadie pronunciaba su nombre a pesar de su fama, todos sabían cómo llamarlo pero no lo hacían, sabían que el mismo se disgustaba con esas letras que un día lo bautizaron. Este hombre fue en su momento la protección para nuestro pequeño, lo resguardo del peligro que había fuera de su pequeño hogar, tapo sus ojos para que no viera lo que tanto podía lastimarle, y le enseño a usar las palabras adecuadas en el momento adecuado.
Pasado el tiempo nuestro pequeño creció, se hizo un hombre grande e imponente, decían que era casi de las proporciones de su padrastro, pero era tímido a fin de cuentas. A pesar de que casi no cabe en su hogar de nacimiento siempre permanecía allí, como si el tiempo no pasara por aquel lugar, pasaba allí los días y las horas observando por una pequeña ventana del último piso el exterior que tanto quería conocer, que tanto quería que lo conociera, sabía que tenía mucho para darle a ese mundo del cual se privaba, pero temía de que en algún momento entregara todo sin recibir nada, siempre pensó eso hasta una mañana del mes noveno. En aquella mañana vio por la pequeña ventana a una desconocida que tocaba a su puerta, con temor y reservas le abrió la puerta y le pregunto su intención al llegar hasta el pórtico de su casa, ella con sonrisa insegura y temblorosa respondió que quería encontrarlo a él, nuestro amigo no comprendió lo dicho por aquella dama y con temor y desconcierto le cerró la puerta, ella se fue con mil ideas en su cabeza y con una confusión que lleno su mente y corazón de desesperanza.
Mientras ella se alejaba él pensaba en el orden de las palabras que ella pronuncio, y creyó que ella seria la oportunidad a ese exterior que tanto quería conocer, salió corriendo y con afán la busco, pero no encontró su silueta dibujada ni siquiera en un espejismo, volvió atormentado por no haber hecho caso a su interior en el momento aquel, maldiciendo la timidez que tanto tiempo lo había encerrado y jurando que esperaría en su ventana, todos los días a la misma hora a aquella mujer que un día visito su puerta . Así fue…impaciente creía que sus días eran como mil años, en ese orden nuestro amigo espero 17 milenios a que en su puerta estuviera la presencia majestuosa que sin conocerla por completo y sin un solo contacto parecía haber saqueado su interior y haberse llevado la tranquilidad y la calma que solo volverían cuando sus pies estuvieran de nuevo en aquel pórtico. Comenzando el milenio 18 nuestro amigo con las fuerzas que ya no tenia y con la esperanza que por inercia mantenía, miro una vez más por su ventana diciéndose a sí mismo que ella no aparecería así como no lo hizo en los 17 milenios anteriores, su mirada llena de rendición se retiraba de la cornisa cuando vio el color que tanto espero, el color de la esperanza desdibujada por el paso del tiempo, el color de lo indescriptible que pasaba por su ser, el color de los labios rojos carmesí que siglos atrás habían pronunciado con dulzura “me gustas”.
Creyendo que era una simple jugarreta de su mente, por estar tan empeñado en verla espero a que el sonido de unos cuantos topes en la puerta le confirmaran que tan real era la persona que observaba desde su ventana. 1.2.3 Golpes hicieron de sus piernas dos locomotoras que sin control corrían por las escaleras para llegar al punto de su encuentro tan anhelado, abrió la puerta con entusiasmo pero temor…temor de que así como un día llego sin esperarlo paradójicamente se marchara sin aviso alguno, pero no, allí estaba ella, jugando con una pequeña cartera que sostenía con ambas manos, desgastando la punta de su zapato con un movimiento circular que demostraba nerviosismo y picardía, en el momento en que sus miradas se cruzaron existió un silencio tan profundo que hasta un sordo se asombraría de tanta quietud en el ambiente, lo único que fue capaz de romper el silencio fue el sonido de unos labios que demostraban que el tiempo no había pasado por encima de lo experimentado la mañana del mes noveno. Desde ese momento nuestro amigo sentía que mil años no podrían igualar la felicidad que había alcanzado en un día, desde ese entonces salió por primera vez sin temor de su hogar, vivía la vida y lo más importante para él, la vivía con la que un día le enseño que era la vida misma. Nuestro amigo se dio cuenta que desde que compartía sus días con aquella que se había convertido en su razón de ser, el crecía mas y mas, no se explicaba porque, ¡no había un porque!, su tamaño cambio drásticamente, pronto se vio obligado a inclinarse para poder ingresar en su casa, su cuarto ya no le era suficiente y se dio cuenta que si seguía creciendo las paredes que sostenían su hogar no contendrían su presencia dentro de este, pero no le importo alcanzar el cielo con tal de seguir al lado de su amada.
Mientras el crecimiento de nuestro amigo era más evidente, su padrastro sintiendo que lo que más había cuidado por tanto tiempo estaba ahora en las manos de una extraña, decidió que era tiempo de hablar con su hijo, lo llamo a la mesa, lo hizo sentar y dijo con parsimonia y serenidad las frases que en ese momento solo fueron una lectura de labios, nuestro amigo salió corriendo de su hogar y fue a la rivera para reflexionar acerca de las crueles palabras pronunciadas por su padre, no recuerda una voz audible pero recuerda el frio que experimento al ver como sus labios construían palabras así, pero aun en medio de su asombro pensó en que tan cierto seria lo dicho por su padrastro, y rondaron tanto esas palabras que termino aceptando cada una de las letras que conformaban las frases que dictarían su sentencia.
En la oscura tarde del quinto día de la semana, del día trece, del mes once, su amada llego como era acostumbrado a su casa, esta vez no necesito tocar la puerta…el la esperaba afuera en las escalinatas del pórtico, con una mirada vacía y con dirección indefinida él y ella rompieron sin esperarlo, lo que en algún momento juraron perpetuar hasta cuando sus fuerzas escasearan, al parecer después de aquel suceso ambos perdieron todas las fuerzas, ella se marcho y el nunca volvió a salir de su hogar. Pasado el tiempo corría el rumor por el pueblo de que el cómo en su primera vez, se encontraba remordido por el suceso de esa mañana gris, y que su tamaño se hacía cada vez más desproporcional, que le era imposible salir de su hogar y que solo esperaba que algún día su amada decidiera verle una vez más. Ella por su lado había tocado la puerta en la morada de alguien más, dicen que a ella le quedaba imposible dejar ese hogar, no quería hacerlo, estaba feliz y segura de que allí olvidaría lo que no mas a unas cuantas calles de ahí había sucedido ese día trece.
Nuestro amigo había retomado su medida del tiempo, sus días eran milenios a la espera de algo que esta vez era más que seguro que no sucedería, espero el equivalente de no más de 60.000 años, para dibujar como por reacción en cadena una sonrisa en su rostro al verla a ella nuevamente, distante, pero era ella al fin y al cabo, sus ilusiones muertas y sus propósitos con ella esfumados como la arena entre las manos eran más que evidentes, pero su padrastro le ayudo a esconderlos. El podía verla todos los días, pero no podía acercarse a ella, era como un ave mirando desde su jaula, sabiendo que solo alguien tiene la llave de la libertad, pero que ese alguien tal vez no lo sabe. Uno de los tantos días en que la observaba, para precisar ese día era el día quinto de la semana, día cinco, del mes segundo, la vio como iba tomada de la mano de aquel que ahora poseía la felicidad de ambos y en parte la de él, los vio subiendo la calle pero para él era como verla subiendo una colina a la cual él nunca llegaría, se había vuelto inalcanzable para él, se resigno a que a menos de que tuviera alas nunca alcanzaría al ángel que un día se le escapo en un pórtico. Lo extraño era que a pesar del tiempo y lo sucedido el seguía creciendo, nunca nadie comprendió porque.
Pasaron así los días y los meses, el había hecho a un lado sus sentimientos y se había llenado de expectativas con banalidades que el mismo sabía que no llenarían el vacio que ella dejo, pero aun así se mantuvo, dicen algunos que empezó a comportarse como su padrastro, frio, recio e inexpresivo, era todo lo contrario a lo que él era por naturaleza, hasta que una tarde luego de pensar en ella una vez más como le era acostumbrado, una lechuza blanca como la nieve, de ojos grandes como soles y de vuelo imponente se poso en la ventana que se había convertido en su confidente en algún momento de su vida, el ave dejo una nota y se perdió en el horizonte entre los colores del atardecer, con impaciencia la abrió y leyó cuatro palabras que le devolvieron su esencia, feliz y excitado de la emoción como pudo salió por una de las grietas de su casa y se dirigió a donde sabia que podría encontrar a la única persona capaz de generar esas reacciones en él, la encontró y con fervor le cito las palabras que una sola persona en el mundo iba a escuchar por parte de él, en ese momento quito el temor que lo había vuelto a encarcelar y decidió sincerarse de la manera más pura mientras tomaba sus manos y sus mejillas dejaban correr lo que demostraba la sinceridad de sus palabras, dos lagrimas que caían con lentitud y que parecen haber medido el tiempo que duraría ese instante, por un segundo el experimento lo mismo que sintió aquella mañana en que la beso por primera vez, sentía que su vida volvía cuando los labios de su amada sin el sospecharlo le arrancaban la vida, los segundos que duro el beso fueron los últimos en los que el sabría lo que era ser feliz, al separarse ella pronuncio unas palabras que el al parecer no entendía, le pidió que repitiera, lo hizo varias veces hasta que descifro lo que los labios que tanto adoro le decían, guardo silencio y sin una sola palabra se retiro inocente de no saber que sería la última vez que la vería. Volvió a su casa y se sentó en esa ventana que por primera vez le dejo ver la verdad.
Dicen que al día siguiente la casa estaba hecha pedazos, que el joven había muerto, y que el padrastro se encontraba herido pero estable, algunos dicen que la casa se cayó por los daños que tenia, que cayó encima del joven mientras su padre estaba fumando en las escalinatas de la entrada, otros dicen que el padre destruyo la casa con su hijo adentro para evitarle el dolor que ya lo consumía por dentro, pero la verdad de esa noche fue que mientras aquel joven miraba por la ventana acompañado por recuerdos y sollozos, sosteniendo en su mano la nota que había recibido recordando las frases de su padrastro y las recién pronunciadas por su amada, su pecho se ensancho de tal manera que ocupo todo su cuarto, él pasillo, el cuarto de su mentor, las escaleras y termino alcanzando hasta el último rincón de su hogar, las paredes el techo y las columnas, no soportaron y la edificación colapso, aplastando a aquel joven que con su último aliento escucho por primera vez las frases que su padrastro pronuncio “¡te darás cuenta que al final de nada servirá que te muestres como eres!” y mientras con voz audible sentía esas palabras tan presentes como el día en que las recibió recordó lo que su amada le dijo “ perdóname pero ya no existe un momento para un nosotros”. Luego de recordar todo lo sucedido con un grito desgarrador su vida se marcho en el momento más efímero de su existencia. Y al leer una lapida como la que está en ese sitio que dice “aquí descansa el hijastro del Sr. Orgullo que en su mano quedo marcada la tinta de una nota que decía “no te he olvidado”, que descanse en paz el pequeño que un día se convirtió en el joven de nombre amor y que hoy yace sobre las ruinas de este corazón que fue su hogar”. Termino de leerla, y pienso que tal vez el nunca debió haber salido.
Pasado el tiempo nuestro pequeño creció, se hizo un hombre grande e imponente, decían que era casi de las proporciones de su padrastro, pero era tímido a fin de cuentas. A pesar de que casi no cabe en su hogar de nacimiento siempre permanecía allí, como si el tiempo no pasara por aquel lugar, pasaba allí los días y las horas observando por una pequeña ventana del último piso el exterior que tanto quería conocer, que tanto quería que lo conociera, sabía que tenía mucho para darle a ese mundo del cual se privaba, pero temía de que en algún momento entregara todo sin recibir nada, siempre pensó eso hasta una mañana del mes noveno. En aquella mañana vio por la pequeña ventana a una desconocida que tocaba a su puerta, con temor y reservas le abrió la puerta y le pregunto su intención al llegar hasta el pórtico de su casa, ella con sonrisa insegura y temblorosa respondió que quería encontrarlo a él, nuestro amigo no comprendió lo dicho por aquella dama y con temor y desconcierto le cerró la puerta, ella se fue con mil ideas en su cabeza y con una confusión que lleno su mente y corazón de desesperanza.
Mientras ella se alejaba él pensaba en el orden de las palabras que ella pronuncio, y creyó que ella seria la oportunidad a ese exterior que tanto quería conocer, salió corriendo y con afán la busco, pero no encontró su silueta dibujada ni siquiera en un espejismo, volvió atormentado por no haber hecho caso a su interior en el momento aquel, maldiciendo la timidez que tanto tiempo lo había encerrado y jurando que esperaría en su ventana, todos los días a la misma hora a aquella mujer que un día visito su puerta . Así fue…impaciente creía que sus días eran como mil años, en ese orden nuestro amigo espero 17 milenios a que en su puerta estuviera la presencia majestuosa que sin conocerla por completo y sin un solo contacto parecía haber saqueado su interior y haberse llevado la tranquilidad y la calma que solo volverían cuando sus pies estuvieran de nuevo en aquel pórtico. Comenzando el milenio 18 nuestro amigo con las fuerzas que ya no tenia y con la esperanza que por inercia mantenía, miro una vez más por su ventana diciéndose a sí mismo que ella no aparecería así como no lo hizo en los 17 milenios anteriores, su mirada llena de rendición se retiraba de la cornisa cuando vio el color que tanto espero, el color de la esperanza desdibujada por el paso del tiempo, el color de lo indescriptible que pasaba por su ser, el color de los labios rojos carmesí que siglos atrás habían pronunciado con dulzura “me gustas”.
Creyendo que era una simple jugarreta de su mente, por estar tan empeñado en verla espero a que el sonido de unos cuantos topes en la puerta le confirmaran que tan real era la persona que observaba desde su ventana. 1.2.3 Golpes hicieron de sus piernas dos locomotoras que sin control corrían por las escaleras para llegar al punto de su encuentro tan anhelado, abrió la puerta con entusiasmo pero temor…temor de que así como un día llego sin esperarlo paradójicamente se marchara sin aviso alguno, pero no, allí estaba ella, jugando con una pequeña cartera que sostenía con ambas manos, desgastando la punta de su zapato con un movimiento circular que demostraba nerviosismo y picardía, en el momento en que sus miradas se cruzaron existió un silencio tan profundo que hasta un sordo se asombraría de tanta quietud en el ambiente, lo único que fue capaz de romper el silencio fue el sonido de unos labios que demostraban que el tiempo no había pasado por encima de lo experimentado la mañana del mes noveno. Desde ese momento nuestro amigo sentía que mil años no podrían igualar la felicidad que había alcanzado en un día, desde ese entonces salió por primera vez sin temor de su hogar, vivía la vida y lo más importante para él, la vivía con la que un día le enseño que era la vida misma. Nuestro amigo se dio cuenta que desde que compartía sus días con aquella que se había convertido en su razón de ser, el crecía mas y mas, no se explicaba porque, ¡no había un porque!, su tamaño cambio drásticamente, pronto se vio obligado a inclinarse para poder ingresar en su casa, su cuarto ya no le era suficiente y se dio cuenta que si seguía creciendo las paredes que sostenían su hogar no contendrían su presencia dentro de este, pero no le importo alcanzar el cielo con tal de seguir al lado de su amada.
Mientras el crecimiento de nuestro amigo era más evidente, su padrastro sintiendo que lo que más había cuidado por tanto tiempo estaba ahora en las manos de una extraña, decidió que era tiempo de hablar con su hijo, lo llamo a la mesa, lo hizo sentar y dijo con parsimonia y serenidad las frases que en ese momento solo fueron una lectura de labios, nuestro amigo salió corriendo de su hogar y fue a la rivera para reflexionar acerca de las crueles palabras pronunciadas por su padre, no recuerda una voz audible pero recuerda el frio que experimento al ver como sus labios construían palabras así, pero aun en medio de su asombro pensó en que tan cierto seria lo dicho por su padrastro, y rondaron tanto esas palabras que termino aceptando cada una de las letras que conformaban las frases que dictarían su sentencia.
En la oscura tarde del quinto día de la semana, del día trece, del mes once, su amada llego como era acostumbrado a su casa, esta vez no necesito tocar la puerta…el la esperaba afuera en las escalinatas del pórtico, con una mirada vacía y con dirección indefinida él y ella rompieron sin esperarlo, lo que en algún momento juraron perpetuar hasta cuando sus fuerzas escasearan, al parecer después de aquel suceso ambos perdieron todas las fuerzas, ella se marcho y el nunca volvió a salir de su hogar. Pasado el tiempo corría el rumor por el pueblo de que el cómo en su primera vez, se encontraba remordido por el suceso de esa mañana gris, y que su tamaño se hacía cada vez más desproporcional, que le era imposible salir de su hogar y que solo esperaba que algún día su amada decidiera verle una vez más. Ella por su lado había tocado la puerta en la morada de alguien más, dicen que a ella le quedaba imposible dejar ese hogar, no quería hacerlo, estaba feliz y segura de que allí olvidaría lo que no mas a unas cuantas calles de ahí había sucedido ese día trece.
Nuestro amigo había retomado su medida del tiempo, sus días eran milenios a la espera de algo que esta vez era más que seguro que no sucedería, espero el equivalente de no más de 60.000 años, para dibujar como por reacción en cadena una sonrisa en su rostro al verla a ella nuevamente, distante, pero era ella al fin y al cabo, sus ilusiones muertas y sus propósitos con ella esfumados como la arena entre las manos eran más que evidentes, pero su padrastro le ayudo a esconderlos. El podía verla todos los días, pero no podía acercarse a ella, era como un ave mirando desde su jaula, sabiendo que solo alguien tiene la llave de la libertad, pero que ese alguien tal vez no lo sabe. Uno de los tantos días en que la observaba, para precisar ese día era el día quinto de la semana, día cinco, del mes segundo, la vio como iba tomada de la mano de aquel que ahora poseía la felicidad de ambos y en parte la de él, los vio subiendo la calle pero para él era como verla subiendo una colina a la cual él nunca llegaría, se había vuelto inalcanzable para él, se resigno a que a menos de que tuviera alas nunca alcanzaría al ángel que un día se le escapo en un pórtico. Lo extraño era que a pesar del tiempo y lo sucedido el seguía creciendo, nunca nadie comprendió porque.
Pasaron así los días y los meses, el había hecho a un lado sus sentimientos y se había llenado de expectativas con banalidades que el mismo sabía que no llenarían el vacio que ella dejo, pero aun así se mantuvo, dicen algunos que empezó a comportarse como su padrastro, frio, recio e inexpresivo, era todo lo contrario a lo que él era por naturaleza, hasta que una tarde luego de pensar en ella una vez más como le era acostumbrado, una lechuza blanca como la nieve, de ojos grandes como soles y de vuelo imponente se poso en la ventana que se había convertido en su confidente en algún momento de su vida, el ave dejo una nota y se perdió en el horizonte entre los colores del atardecer, con impaciencia la abrió y leyó cuatro palabras que le devolvieron su esencia, feliz y excitado de la emoción como pudo salió por una de las grietas de su casa y se dirigió a donde sabia que podría encontrar a la única persona capaz de generar esas reacciones en él, la encontró y con fervor le cito las palabras que una sola persona en el mundo iba a escuchar por parte de él, en ese momento quito el temor que lo había vuelto a encarcelar y decidió sincerarse de la manera más pura mientras tomaba sus manos y sus mejillas dejaban correr lo que demostraba la sinceridad de sus palabras, dos lagrimas que caían con lentitud y que parecen haber medido el tiempo que duraría ese instante, por un segundo el experimento lo mismo que sintió aquella mañana en que la beso por primera vez, sentía que su vida volvía cuando los labios de su amada sin el sospecharlo le arrancaban la vida, los segundos que duro el beso fueron los últimos en los que el sabría lo que era ser feliz, al separarse ella pronuncio unas palabras que el al parecer no entendía, le pidió que repitiera, lo hizo varias veces hasta que descifro lo que los labios que tanto adoro le decían, guardo silencio y sin una sola palabra se retiro inocente de no saber que sería la última vez que la vería. Volvió a su casa y se sentó en esa ventana que por primera vez le dejo ver la verdad.
Dicen que al día siguiente la casa estaba hecha pedazos, que el joven había muerto, y que el padrastro se encontraba herido pero estable, algunos dicen que la casa se cayó por los daños que tenia, que cayó encima del joven mientras su padre estaba fumando en las escalinatas de la entrada, otros dicen que el padre destruyo la casa con su hijo adentro para evitarle el dolor que ya lo consumía por dentro, pero la verdad de esa noche fue que mientras aquel joven miraba por la ventana acompañado por recuerdos y sollozos, sosteniendo en su mano la nota que había recibido recordando las frases de su padrastro y las recién pronunciadas por su amada, su pecho se ensancho de tal manera que ocupo todo su cuarto, él pasillo, el cuarto de su mentor, las escaleras y termino alcanzando hasta el último rincón de su hogar, las paredes el techo y las columnas, no soportaron y la edificación colapso, aplastando a aquel joven que con su último aliento escucho por primera vez las frases que su padrastro pronuncio “¡te darás cuenta que al final de nada servirá que te muestres como eres!” y mientras con voz audible sentía esas palabras tan presentes como el día en que las recibió recordó lo que su amada le dijo “ perdóname pero ya no existe un momento para un nosotros”. Luego de recordar todo lo sucedido con un grito desgarrador su vida se marcho en el momento más efímero de su existencia. Y al leer una lapida como la que está en ese sitio que dice “aquí descansa el hijastro del Sr. Orgullo que en su mano quedo marcada la tinta de una nota que decía “no te he olvidado”, que descanse en paz el pequeño que un día se convirtió en el joven de nombre amor y que hoy yace sobre las ruinas de este corazón que fue su hogar”. Termino de leerla, y pienso que tal vez el nunca debió haber salido.

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