El reloj casi toca la media noche, no estoy ebrio, tampoco drogado pero aún así tengo un desespero que redujo mi caja torácica a un espacio inerte que solo reacciona cuando siente que voy a morir.
Que para que carajos escribo, no lo se...insomnio, descontrol, bipolaridad, escapatoria, pueden ser todas y a la vez ninguna porque si tuviera un motivo en claro no tendría sentido hacerlo ¿no?
Me fastidia su imagen, una versión disminuida de todos los ideales de la pubertad, un personaje falto de identidad que se refugia en sustancias y “mucha arrogancia” para hallar la aceptación que seguramente alguien no quiso brindarle de chico. Me molesta encontrarlo como las sorpresas de los cereales, a pesar de no ser siquiera conocidos hemos tenido tantos encuentros como lo harían los mejores de los amigos, y quien quita, hasta quizá seamos más parecidos de lo que ninguno de los dos desea aceptar...tal vez por eso me irrita tanto, veo en él un alter-ego que se formo al otro extremo de la ciudad y que recibió lo mismo que yo, pero que decidió huir a su realidad para hacerse ver como el personaje rudo orgulloso y detestable y que solo algunos ingenuos perciben de esa manera.
Me molesta saber que tenemos muy poco en común y que a la vez estamos más unidos a petición de terceros que por voluntad propia. Es el prototipo de persona al que se le llama lámpara...pero al fin y al cabo los elementos de mesa no tienen la culpa de encontrar tanto gil en las calles como para ser ofendidas de tal manera.
Tengo nudos en la garganta que forjan una soga hasta mis viseras y dejan ver lo que realmente tengo dentro, un accidente de emociones y una trajinada historia que se guarda en lo menudo del subconsciente para no farfullar frases bonitas ni expresiones de amor.
Si siento cosas, no soy extraño al amor, ni al odio, a la tristeza o a la alegría, pero simplemente no me nace aflorar ese tipo de emociones, y la razón es muy simple...son mis emociones y no veo porque otros deban conocerlas.
Sí, soy serio, seco, orgulloso, si quieren soy pedante y un imbécil, pero así soy feliz, así se forjo mi carácter y solo he conocido una persona que me hizo cambiar tal cosa...y aclaro...no lo haría de nuevo.
Soy el resultado de muchas experiencias como todos, algunas fuertes y otras fáciles de tragar, algunas me han arrancado parte de la sensibilidad y otras me recuerdan al niño de pijama escocesa que jugaba con juguetes de dragon ball sobre una alfombra todo un día para olvidar los problemas de su casa.
No soy mejor que nadie, ni menos que algún idiota que se haya cruzado en mi camino por mas gil que haya sido, solo soy el bastardo aceptado que hoy quiere más que besar esos labios, compartir más que el tiempo suficiente contigo para comprobar que la vida no ha pasado en vano.
Guardo rencor a los recuerdos, a los buenos y a los malos...ninguno fomenta ni construye mejores estados de ánimo, guardo rencor a tus errores, a tus cagadas, a tus besos y a tu maldita belleza que me condena a tomarte de la mano inconscientemente mientras escucho como esta tu jodida vida.
Desconfió de mi corazón, juega a darme infartos de amor mientras experimento con la vida para descubrir lo que se siente según la gente que alguien se quede grabado en el. No me interesa que alguien lo haga, el mío es muy pequeño y no pienso abrir espacio para nadie. Solo me interesa que los que allí han estado permanezcan y que el ventrículo que falta por llenar lo llene aquella con la que me interesa compartir una vida y la otra si es necesario.
No juego con las palabras, es como llenar una alcancía con buenas intenciones, no sirven de nada y solo lastiman, no llevan a ningún lado y destruyen todo lo que estuvo antes que ellas. Digo lo necesario en su momento y lo que no quiero decir me lo reservo para jugar al demente con un par de audífonos y algo de Hardcore.
Quiero fumar un cigarrillo en esta noche y descubrir que mi alma se libero cuando las putas letras que formaron este texto lleguen a entrar por tus malditos ojos.

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